Yolanda MuelasNiños Malos

Vivimos en un lugar en el que las envidias, las carencias educacionales y la mezquindad merman los posibles despegues hacia la madurez plural y democrática de nuestro tejido social. Las cúpulas que nos dirigen no toleran el relevo generacional. Es como si no soportaran perder un ápice del poder que ostentan desde la Transición pactada. ¿Por qué no se facilitan los relevos cultural, social, político y económico? Y lo que aún resulta más pernicioso: en este país se suele castigar mediante el silencio o la emulación sin mencionar las fuentes inspiradoras a aquellas personas que sobresalen y crean algo que amplifica la creatividad emergente. ¿Cuántas iniciativas se han desplomado durante demasiado tiempo al ser boicoteadas por no acomodarse a lo políticamente correcto? ¿Cuánta creatividad emergente ha sido absorbida y reconducida hacia la institucionalización con el objetivo de desactivar su proyección crítica?

Admiro a Yolanda Muelas por ser pionera de la prensa gratuita de nuevas tendencias culturales y estéticas que hoy copan el panorama. Ella, junto a un equipo reducido y obstinado, ha sorteado, desde la independencia, un montón de obstáculos y carencias hasta convertir su revista gratuita AB, antes A Barna, en una de las publicaciones modernas más influyentes de las nuevas generaciones instruidas. Si en este país, los mandarines se permiten ignoran las publicaciones más punteras, en Londres ocurre justo lo contrario. Las grandes marcas de moda, Gucci, Prada, Miu Miu, y los gigantes de la industria discográfica apuestan por la revista I-D, por ejemplo, pero en España, se queja Yolanda, “sólo apuestan publicitariamente por nosotros los más próximos. Las grandes marcas sólo van a la prensa femenina y a los dominicales”. Sin embargo, quienes crean moda o tendencias son AB, Punto H, Neo 2, Mondo Sonoro, Go y toda una serie de publicaciones que cualquiera puede encontrar en restaurantes fashion o en los clubes techno.

Yolanda es una mujer decidida, con las ideas claras, que gasta pocas palabras y que ha desplegado una actividad inusitada hasta conseguir situar 40.000 ejemplares de su revista AB en 700 puntos estratégicos de toda España. “Ahora tenemos más medios y podemos sacar cosas que antes no podíamos. En lo que respecta a moda, cómic, música, literatura y cine me siento satisfecha. No todo lo que es nuevo y requiere esfuerzo me parece válido. Hay que saber escoger y siempre he mantenido una mirada crítica. Pero me revienta que cuando viene Pulp a nuestro país, un grupo de música que apoyamos porque nos gusta, no lo hayamos podido entrevistar porque la industria discográfica española está en la cola de Europa”.

Hablamos del último Circuit, una iniciativa de la brasileña Paulinha Río, que en es la alternativa joven en moda a las pasarelas Gaudí y Cibeles. “España está muy atrasada, sólo así se entiende que Circuit y los jóvenes diseñadores no reciban ningún apoyo de la industria. Aquí es impensable que una marca de ropa consolidada contrate a un diseñador joven. A nivel internacional sólo están Custo y Amaya Arzuaga. Y tenemos gente muy buena como Spartor”.

Por su redacción pasan una pléyade de nuevos creadores, y ella elige y decide. “Algunos me acusan de moderna pero yo no me creo nada. Yo estoy en Barcelona, vivo en España, miro alrededor, veo lo que hay, identificamos cierta realidad que nos parece estimulante, la plasmamos como nos gusta hacerlo y punto”. Su revista es ha convertido en cantera de nuevos talentos. “Un diseñador que hacía flyers y que yo elegí para que diseñara nuestra revista, ahora es director de arte de Marie Claire. Nico, un fotógrafo que llegó aquí con su book y me hizo muchos trabajos, es el responsable de las portadas de Woman. Y a mi reportera de moda, Eugenia, al año de trabajar conmigo, la vinieron a buscar los de Vogue y hoy está en Tentaciones”.

Nació en una barriada popular de Barcelona, el Barrio del Congrès. Estudió en un colegio público, el Joan Maragall. “Desde pequeña quise ser periodista, pero si llego a saber cómo transcurrían mis cinco años de carrera no hubiera estudiado. Sólo dos profesores me abrieron nuevas perspectivas: Albert Chillón y Francesc Burguet. Mientras estudiaba, me vinculé a la emisora de radio, RSK, del Centro Cívico de Torre Llobeta y me enganché a la New Wave, al punk. Iba al club Metro que luego fue el 666 y no frecuenté los bares de diseño. Al acabar, hice prácticas en El Periódico como becaria. Me colocaron en la sección Cosas de la Vida. Tenía que hacer la agenda y breves sobre casas que se caían y accidentes de tráfico. Muertos y heridos. Lo pasé fatal. En una ocasión, me permitieron hacer un reportaje sobre tatuajes. Decidí que nunca trabajaría en ninguno. Así que me metí en Nou Barris9 en la época en que lanzaron la revista Arrabal”. Esta revista llevaba aparejada una pequeña guía que se llamaba A Barna. Yolanda y Joan Pey aterrizaron allí y cuando Arrabal quebró se la quedaron. “Al principio, 1994, era una guía muy chiquita y tirábamos cinco mil ejemplares. Intentábamos recoger los eventos más alternativos que no salían en los otros medios y empezamos a montar nuestro propio sistema de distribución. En aquella época aparecieron Sónar y el BAM. Los de Sónar se han consolidado, como nosotros, pero el BAM, que cuando lo coordinaron los de Rock de Lux estaba muy bien, ahora se ha venido abajo: los de Producciones Animadas han hecho una programación que es para mirar hacia otro sitio. El Ayuntamiento cada vez pone menos dinero. Me alucina que el ICUB apueste por el Grec, que me parece patético, y todavía no haya puesto un duro en Circuit. Así va todo”.

Con A Barna ya en marcha, Yolanda sigue a grupos como Oasis, Blur, se engancha a la música electrónica, a los DJ´s y al los primeros clubes. “Durante una época apoyamos mucho al techno. Ahora la revista está cada vez más equilibrada. En arte me gustan mucho Carles Congost, a quien descubrí en Disco 2000, cuando publicó una fotonovela muy ocurrente, y Joan Morey. Y he visto un corto, Bailongas, que me ha gustado mucho”. La consolidación de la revista llegó cuando Yolanda y Joan Pey se dieron cuenta de que nunca lo conseguirían sin montar sede en Madrid. “Es allí donde se cuece todo. Montamos un equipo básico para funcionar y cambiamos el nombre de A Barna por AB. El logo funcionó, y ahora llegamos a todo el Estado”.

El momento no le parece ni malo ni bueno, tiene en cuenta a los extranjeros con talento que se instalan en Barcelona, y seguirá en la brecha mientras mantenga la curiosidad, la rutina no ahogue cuanto hace y llegar al trabajo no le parezca enterrarse en una oficina.

 

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Desde el 2006, dirige otra de sus creaciones, la revista Metal, con una tirada de 36000 ejemplares.