Isona PassolaNiños Malos

Guardo como un tesoro el primer recuerdo que comparto con ella. La descubrí envuelta en un halo de pasión y también de ternura que no ha menguado con los años. Nos conocimos en un inmenso pajar de piedra reconvertido en biblioteca. Ella aún no había fundado la arriesgada productora de cine catalán, La massa d´or. En aquellos tiempos, buscaba con tesón al último cátaro para rodar una película en el mismo lugar donde yo escribía una novela. Fue en la primavera de 1984. De pronto, una tarde, llegó un trotamundos con greñas en un coche destartalado repleto de trastos y libros muy viejos. Esteve Albert, un sabio catalán con tintes quijotescos que vivía en Andorra. El hombre nos condujo al hogar de la cocina de la masía de Luis Racionero, nos sentó junto al fuego y nos narró historias fascinantes del Mediterráneo durante toda la noche. Desde entonces, Isona y yo seguimos amontonando libros sobre el enigma de los Ligures, un pueblo que vivió en lo que hoy es Génova antes de que César romanizara la Riviera italiana. “Nosaltres no desendem dels romans. Els catalans som un poble tant vell como al Ligur”, sentenciaba aquel viejo erudito que ya ha muerto.

“El condicionante más maravilloso de mi infancia es haber nacido en el barrio gótico. Un pueblo lleno de iglesias por el que los niños podíamos campar a nuestras anchas siempre que no traspasáramos ciertos límites geográficos. Los siete hermanos fuimos a un colegio liberal en el que cada cual hablaba el idioma que quería y en el que lo más importante era la creatividad. Los métodos de enseñanza de aquellas aulas de la felicidad se habían gestado en la República, pervivieron a pesar del franquismo y posibilitaron años más tarde la escola activa y la Rosa Sensat”. Isona Passola nació con un pie en el mundo del arte. Su padre fue el fundador de La Cova del Drac y de la casa de discos Concèntric, donde grabaron por vez primera Maria del Mar Bonet, Pau Riva y Sisa, entre otros. “Mi padre era un activista cultural catalanista, y mi madre, que venía de La plana de Vic, era una mujer rígida que nos metió en la cabeza el pragmatismo, la disciplina y el rigor. Cuando mi padre quiso celebrar el bautizo de mis dos hermanos gemelos en la pista de baile de la Cova del Drac, mi madre recorría el pasillo de casa una y otra vez mientras exclamaba: ¡En un cabaret!”. Estoy contenta porque aquellos dos mundos tan opuestos me han ayudado a medir las diferentes posibilidades de la vida. Cuando en aquel colegio separaron a niños y niñas, nos trasladaron a las Escolas Laietania, donde daban clases Albert Boadella y Anton Font y donde nacieron Joglars y el grupo de jazz, La locomotora negra”. Un lapso breve en un colegio pijo, Betania, donde por primera vez le impusieron el castellano, apenas le dejó huella.

A principios de los setenta, Isona Passola se mete a estudiar historia en la Universitat Autónoma en Bellaterra, se radicaliza políticamente, milita en el PSAN y conecta con Rosa Novell, Joan Luis Bozzo, Viçens Altaió, la Sisquella. Montan una compañía de teatro. “Lo que ahora más detesto de aquella época es el sectarismo, que pervive en las instituciones de hoy. El haber pertenecido a uno u otro grupúsculo aún marca demasiadas cosas. La solución es aceptar la diferencia y no sólo practicar la tolerancia. Yo no tolero, yo acepto la diversidad aquí, en España, en Europa y en Occidente”. Para defender el cine de autor que se hace en catalán, Isona se ha metido en una asociación de productores independientes del Mediterráneo que trata de buscar un imaginario común entre los pueblos del Norte y del Sur. “En la última reunión que tuvimos en Sitges, israelitas y palestinos debatían de una manera fabulosa. Muchos árabes quieren liberarse del fascismo talibán, pero a su manera. Ellos son mucho más espirituales que nosotros, y si pensáramos, nos daríamos cuenta de que muchos ismos de las sociedades ateas son tan fundamentalistas como los que existen en el Islam. He tenido la oportunidad de conocer árabes tan progresistas como tú o como yo”.

Isona vuela a Río y Sao Paolo a presentar una de sus últimas producciones, El mar. Es una película de Agustí Villaronga que en Londres y Berlín ha tenido una gran acogida. “Agustí tiene un gran talento visual, es un superdotado. El mar está dando mucho prestigio al cine en catalán. Aquí no tenemos el grupo Prisa, que ha logrado crear un público que acepta las películas hechas en Madrid, con lo que tenemos que poner mucho empeño en generar un público porque hay directores buenísimos: Guerín, Villaronga, Marc Reixa, Cesc Gai, y también cortos de gente joven que promete”.

Esta mujer, que es un polvorín de entusiasmos a los que da vida en la realidad, acaba de producir para TV3, Hermanas de Sangre, la obra de teatro de la escritora Cristina Fernández Cubas; tiene en capilla El caso Raval, con el director Joaquim Jordà; y prepara una bomba que le permita seguir produciendo cine de calidad. “Para conseguir crear un público amplio desde Barcelona, voy a rodar Musha sangre, una parodia de cine gore con Los Mojinos Escozíos, el grupo andaluz de Cornellá que canta aquello de: “doscientas ladillas haciéndome cosquillas”. Será una estupenda gamberrada rodada en Almería”. A continuación comenta que la ley de cine del Estado Español es la única que no margina a los otros idiomas del Estado. “Si ruedas en vasco o catalán te garantizan la misma ayuda que si la haces en castellano, sólo cambia que si es en castellano, has de hacer treinta millones en taquilla para que te la den, y en catalán, vasco o gallego sólo veinte. Esto posibilita que el autor se arriesgue más sin temor a la taquilla. Es una forma de potenciar el cine de autor que no se contenta con lo convencional, y que arriesga. Siempre he apostado por el cine que es cultura y no sólo entretenimiento. El Estado debe valorar la riqueza que supone tener varias lenguas, y Barcelona tiene que exportar su modelo de convivencia. Aquí se mezclan las lenguas, como en muchas películas que produzco, sin conflicto. También sería bueno que la dialéctica entre lo público y lo privado fuera más ágil y abierta. En Cataluña se han creado las infraestructuras, TV3 y todas estas cosas. Llegó el momento de invertir en cultura”.

La frescura que envuelve a esta mujer separada, que vive sola con su hijo, también la manifiesta en la Universidad Raimon Llull. “Doy un seminario en el que los alumnos crean un guión y lo rodamos. Mis equipos de rodaje se nutren de esa gente joven y potente”. Isona se pone la chaqueta, las gafas oscuras y penetra en el ascensor de mi casa con teatralidad de diva . Y me digo una vez más: esta mujer sí que tiene agallas.

 

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La Massa d’or, su productora, es la gran promotora de cine de autor y documentales catalanes. Isona colabora desde hace años con el Ministerio de Cultura, la Generalitat de Catalunya, la Junta de Andalucía, el Sundance Institute, la Universidad de Brasil y la cadena de televisión O`Globo.