Eduard EscoffetNiños Malos

Es un cohete. Tiene veintintantos años, no deja de gesticular ni un instante, conoce Barcelona como si fuera un longevo ya que se patea todos sus rincones y ha organizado un montón de acciones relacionadas con la poesía más innovadora. Sostiene que los creadores de Barcelona son una raza en extinción porque las instituciones no invierten en ellos y sólo crean infraestructuras monstruosas y fuera de lugar a las que tampoco dotan de presupuesto una vez erigidas. “Lo peor es que no reconocen los errores, cuando a estas alturas lo único que pueden hacer es admitirlos y arreglarlos. Ya no se puede derribar el MACBA, ni el Auditori, ni siquiera el TNC. ¿Tiene sentido construir un teatro a la italiana a finales del siglo XX y dotarlo con sólo el 10% del presupuesto de cualquier teatro europeo?”.

Nuestro primer encuentro se produce en el CCCB, donde trabaja como entidad asociada (Projectes Poètics Sense Títol). Se sienta en un taburete en la antesala del bar y me dice: “Te imaginas cuanto les habría costado a las instituciones montar el Festival de Cine Independiente sin el colectivo La Fàbrica? El trabajo de algunos artistas que no han tenido más remedio que volverse gestores de pequeños festivales para acumular recursos y hacer milagros es voluntario y desde hace tres años reciben exactamente la misma pequeña subvención con lo que están perdiendo poder adquisitivo. Y la imagen de ciudad moderna que venden y de la que viven las instituciones se forma gracias a los creadores independientes y a estos festivales. Sónar, la sesiones de La Porta, el Festival de Cine Independiente, Revers, el festival Proposta, Ovni, que acoge el CCCB, que se ha convertido en un saco donde acabamos encontrándonos todos porque su gestión es modélica comparada con la de otros centros. El incremento de infraestructuras ha sido espectacular pero algo falla cuando sólo funciona una, que además se fundó para estudiar la ciudad y no para acogernos”.

La diferencia entre cultura de consumo y cultura de creación nos preocupa a ambos. No es lo mismo una propuesta estética vacía de contenidos y muy complaciente como por ejemplo montar un club, meter a un DJ de moda, hacer una performance superficial y forrarse con las copas, a crear un espacio como Conservas, el teatrillo underground de la calle Sant Pau, y dar salida a una serie de grupos como el de Marta Galán. “Los nuevos gestores de las instituciones son unos tecnócratas conciliadores, sin compromiso ni demasiadas ideas, que no están preparados para evaluar los proyectos y acaban dando un poquitín de dinero a todo el mundo para evitar las protestas. ¿Por qué no ponen al frente a ideólogos y agitadores que reorganicen la inversión, ordenen los espacios y aporten los recursos para la sostenibilidad de los equipos de creadores con un criterio claro? Cataluña es la comunidad autónoma que menos dinero gasta en cultura y la Generalitat lo único que ha hecho es destruir la cultura del país a una velocidad alucinante. Pujals y Vilajoana son pésimos gestores. Y lo que es peor, parece que al ICUB y a la Diputació lo único que les preocupa últimamente es poner su logo en todas partes”.

Eduard está de acuerdo con un poeta austriaco para quien la actividad poética en estos comienzos de siglo tiene cuatro aspectos. Visual, acústica, gestual e infraestructural. “Este último aspecto incluye las actividades como organizador y gestor que interviene en el espacio cultural. Yo inserto en mi actividad poética cuanto he hecho como agitador porque responde a una serie de gestos poéticos y a la voluntad de intervención cultural”. A sus 14 años y cuando iba a la escuela privada, Sadako, Escoffet creó una revista poética mensual, Sense Títol. “Duró tres años que ahora me parecen una eternidad. Al principio fue un fanzine que elaboraba con un ordenador y una impresora. Luego fue un cajón de sastre que acogió a diferentes modalidades de poesía. Carles Hac Mor, Esther Xargay, poesía visual, clásicos como Calleja, Canals, poetas italianos, franceses. Cuando empecé a estudiar Filología Catalana ya había conectado con muchos poetas y con todos los grupos de cultura independiente que desde la clandestinidad se fueron profesionalizando un poco a partir de 1995, como Gracia Territori Sonor, música experimental; La Porta, danza; La Papa, polipoesía”.

El joven poeta ha escrito sonetos, rimas en tetrasílabos, poesía visual, poesía sonora. “Siento la necesidad de crear una obra poética en muchas direcciones. Mi poesía va desde lo personal hasta el juego pero sin caer en el ingenio de una arquitectura lingüística sin vitalidad. La mía viene dada por la multiplicidad que busca ritmos, sonidos y que no tiene porque hablar de sentimientos ni de angustias”.

Heliogàbal es un bar del barrio de Gràcia que acogió en Enero del 97 uno de los inventos más insólitos que ha parido Escoffet. Viatge a la Polinèsia. “Tras unos meses sabáticos, decidí pasar a la acción. Me interesaban los recitales en directo y conecté con Eric Casasses, Xavier Sabater, David Castillo, los de Accidents Polipoetics, y monté un ciclo de programación estable que permitiera ordenar las nuevas prácticas poéticas. Me dijeron que estaba loco, pero aquella actividad reunía cada vez a más público y más poetas. Así me inicié como gestor”.

Se queja de que en las prácticas poéticas experimentales haya poca formación lingüística. Y define su actitud literaria como punkie sin desdeñar su formación académica. Me habla de la tradición poética catalana, le gustan los autores medievales y me cita a Roís de Corella. Pero cuando habla de los posdadaistas del grupo de Viena de los años cincuenta y de su actitud guerrillera, su sonrisa, siempre presente, se ilumina: “Reivindico el retorno a la alegalidad. Si la generación de mis padres parió un tipo de democracia y una Constitución, no entiendo por qué nosotros no podemos crear otra”.

El boom de sus recitales poéticos le permitió acceder al CCCB. Desde allí organizó el último ciclo de Viatge a la Polinèsia y en el 2000, ha creado la primera edición del festival Proposta. Las partituras de poetas sonoros vivos de Europa, los vídeos y las performances poéticas, la poesía visual, los recitales y un conjunto de acciones tienen cabida en este ciclo que se concentra durante tres días al año.

El móvil no deja de sonar y la superactividad le roba horas de asueto, así es la vida de un agitador que sueña con una Barcelona repleta de pequeños espacios que creen un entramado de creatividad. Últimamente está empeñado en asimilar las estructuras del techno y del rock en los textos de Josep Pla, reordenando, enganchando y manipulándolos como un DJ. Es un ciclón y también un revulsivo.

 

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Dirigió el festival Proposta entre el año 2000 y el 2004.Ha traducido a poetas italianos como el Nobel Salvatore Quasimodo al catalán. Fue uno de los poetas que no asistió a la Feria del Libro de Frankfurt invitados por la Generalitat. Y no para de viajar y organizar eventos con todo tipo de poetas, de Buenos Aires a Beijing pasando por Berlín. Jamás se desanima.