IntroNiños Malos

En los años 2001 y 2002 realicé una serie de perfiles para El Mundo de Catalunya, dirigido entonces por Albert Montagut. Elegí para la serie un título provocador, Niños malos, y busqué a creadores de distintas generaciones, atendiendo especialmente a los más jóvenes. Elegí trayectorias que desafiarán las reglas impuestas por el poder económico, político o cultural. En consecuencia, busqué actores culturales independientes, amantes de la ruptura y de la participación, que han operado desde los últimos años del franquismo y durante las tres décadas de gobierno socialdemócratra. En todos los casos su campo de operaciones o de aprendizaje fue o es la ciudad de Barcelona.

Cuando el modelo de ciudad ideado y ejecutado por la administración socialista está en crisis por su dependencia con los grandes lobbies económicos, creo que atender las opiniones y experiencias de estos cincuenta artistas, a los que he adjuntado un breve apunte biográfico de lo sucedido en sus vidas desde que realicé el perfil, aporta datos valiosos en favor de una cultura en la que la dependencia del mercado y de los índices de audiencia no sea castradora.

Barcelona siempre fue una ciudad taller, políglota, mestiza y en cierta medida libertaria. Una ciudad conflictiva que supo encontrar desde la sociedad civil respuestas imaginativas y plurales pese a las crisis y a las sucesivas olas de represión. Sin embargo, vivimos hoy momentos de duda y zozobra. La ciudad se ha convertido en una container turístico donde el ciudadano es un figurante atenazado por un sinfín de normativas que merman su libertad y su dignidad. Las diferentes administraciones imponen un modelo único de crecimiento, basado en la especulación inmobiliaria, la industria del ladrillo, las franquicias de las grandes marcas internacionales y la cultura espectacular que da votos, crea infraestructuras pero no apuesta por los procesos creativos independientes protagonizado por seres humanos. En consecuencia, Barcelona ha dejado de ser la ciudad taller de pequeños productores entrelazados para convertirse en un inmenso escaparate sin alma, a merced de los vaivenes especulativos internacionales,  y con una memoria adulterada por diversas industrias del espectáculo. La cultura que surge de la necesidad vital y de la vocación, por tanto, es clave para recuperar parte de esa memoria perdida, y también para resucitar la vocación de ciudad taller, pues es en el taller cooperativo donde se elaboran alternativas, sueños y convivencias, donde se aprende el día a día el civismo, la participación, la creatividad y lo que es gestión al servicio de la comunidad democrática. Y evidentemente esto no son dichos, sino prácticas y hechos con resultados si no opuestos si bien diferentes a los que actualmente se exhiben.

A continuación, las voces de cincuenta luchadores que con ánimo encendido aportan su grano de arena a la difícil tarea de proyectar un relanzamiento cultural de la ciudad, sin imposiciones, desde la vocación por lo que lucha cada uno de ellos.