Apuntes comuneros: La comuna armada como alternativaDe qué van las comunas

— errores y derrotas.

En estos años, claro está, la experiencia comunitaria ha sufrido crisis y derrotas graves: la infravaloración del enemigo exterior e interior, el falso espontaneísmo que ha bloqueado y destruido centenares de comunas o de pseudo-comunas, la sublimación mística, el mito de lo “natural” llevado hasta el fanatismo y el masoquismo, las utopías creadas por teóricos que nada saben acerca de la práctica, pero que como son muy eruditos se les concede gran importancia… estos son entre otros, la contrapartida interna de la paranoia real desencadenada por el capital con una represión capilar que ha significado miles de persecuciones, detenciones, presidios, etc., con la excusa de las armas, de las drogas, del terrorismo. Por no hablar de la recuperación o de la banali- zación consumista de las luchas por una vida alternativa. Se han banalizado o comercializado, todas aquellas

cosas que en un principio tendían a una desalienación, como pudieran haber sido la macrobiótica, la medicina natural o el cultivo biológico. Y todo eso quita energías a la lucha de clases, ya que banaliza el descubrimiento de nuevos campos para el enfrentamiento, en unos momentos en que el Capital intenta con todos los medios a su alcance, integrar el proletariado.

— autocrítica: crear comunas de ataque.

Actualmente se está realizando una importante autocrítica y replanteamiento de todos los movimientos comunitarios europeos. Es necesario armarse contra la miseria de la supervivencia para estar capacitados para conquistar espacios concretos y cotidianos de felicidad y serenidad, de capacidad de vida y de lucha. UNA COMUNA PARA PODER FUNCIONAR HA DE ESTAR ARMADA. Es decir, debe poder y saber defenderse de todos los ataques, tanto internos como externos que inevitablemente le serán dirigidos por cuanto constituye una célula diferente de la norma.

Defenderse de manera radical de los ataques externos: represión, marginación, crítica ideológica por parte de los comunistas y socialistas integrados, invasiones de todo tipo por parte de gente colgada y sin rumbo o de temporales dispuestos a reintegrarse más tarde, de burgueses mirones e inactivos y de empreñadores varios. Defenderse también de manera radical de los problemas internos, dándose los instrumentos de confrontación con el resto del mundo y de crecimiento colectivo con los compañeros con los que se ha decidido la convivencia común. Las reuniones comunitarias de autocrítica, la autoconsciencia, de discusión y de solución de los problemas, la rotación de las tareas y de las cosas que molestan y que cansa hacerlas, saltadas muy a la torera en las últimas experiencias comunitarias, con argumentaciones a favor de la espontaneidad o en nombre de una utopía armónica entre individuos, en realidad fuertemente condicionados por una educación y un ambiente externo hostil a la solidaridad.

COMUNA ARMADA NO SIGNIFICA UNICAMENTE EN POSESION DE ARMAS, ARMADA SIGNIFICA SER COMPETITIVA CON EL GAPITAL EN CALIDAD DE VIDA, significa ser polo de agregación (unión con las fuerzas sociales dél lugar en el que existe, significa que sus miembros son una unidad de guerrilleros desencadenados contra el capital y el autoritarismo de todos los Estados, capaces de formular y de sostener en la práctica, modos alternativos de resolución de los problemas cotidianos. Desde el “cómo comer” hasta saber organizar circuitos campo-ciudad, cooperativas de trabajo, cooperativas de consumo, intercambios de experiencias, dinámica de discusión con campesinos y trabajadores. Desde saber hacer un gallinero hasta saber afrontar y resolver, sin esconderlas, las eventuales contradicciones internas y las tensiones personales y emocionales del grupo. Desde autogestionar cuerpo y cabeza hasta limpiar el W.C. y lavar los platos dejando ya de esperar a que alguien nos haga de criada para todo, y hasta enseñar a los niños todos los trabajos domésticos.

Significa, sobre todo, que los miembros de una comuna estén acorazados, vacunados, en posesión de los primeros rudimentos de autodefensa práctica y psicológica para resolver las tensiones interpersonales que se creen en su interior y que nosotros, pequeños-burgueses, arrastramos, hata que decidimos liberamos de ellas.

— igualdad en las relaciones e igualdad sexual.

En una comuna no deben existir líderes, pequeños jefes ni machos chauvinistas. La comuna constituye una lección solidaria y alternativa, de base. Al fundar una comuna debe existir un cierto equilibrio de madurez entre los componentes. Una comuna no es una experiencia maravillosa y salvadora por el simple hecho de ser comuna. Exije un determinado grado de reflexión y madurez, no se puede caer en el espontáneísimo facilón de “entre todos lo haremos todo”, porque esto no funciona. Hay que ir a la comuna con una cierta dosis de esceptibilidad y a la vez con la suficiente fe y fuerza como para superar las circunstancias hostiles. Hay que evitar los maximalismos, los dogmatismos y las situaciones imposibles. El primer y fundamental equilibrio ha de buscarse en la igualdad no sólo de necesidades y deseos, sino también sexual. Será difícil para una mujer o para un gay vivir en un ambiente ma- chista. Será también difícil compartir el espacio con una única pareja, ya que la pareja es siempre un centro de poder. Su poder se mengua en todo caso cuando se le enfrenta con otra pareja; en cualquier caso, sería siempre predominante en sus relaciones con los demás. Las comunas formadas por un híbrido de compañeros intelectuales de origen burgués y de compañeros más pragmáticos de origen proletario pueden dar lugar a notables combinaciones de intercambio, pero también corren el peligro de poner nuevamente en evidencia una división de las tareas en la que los teóricos dirigentes se afirmen sobre los trabajadores manuales.

— caja común y asignación de dinero.

Cuando se decide que no hay que dejarse llevar por las alquimias individuales de una convivencia, sino que se quiere vivir una verdadera experiencia de comuna, hay que poner enseguida en claro y decidir cómo se piensa hacer funcionar la comuna. Si ésta debe ser una pequeña célula autosuficiente con actividades comunes

(más fácil en el campo) o bien si es un lugar donde viven varios compañeros que desarrollan actividades distintas o trabajos externos, pero que tienen muchas cosas en común. Hay que resolver los problemas de relación con otras comunas*, y en un marco alternativo, intentar conectar o favorecer, las cooperativas, bien sea para comprar alimentos, ya sea para venderlos. También hay que decidir cómo se piensa afrontar la situación económica: en algunos casos todo el dinero se pone en una caja común y cada uno coge lo que necesita. Esto implica evidentemente un gran sentido de la responsabilidad para evitar “buitres” y “víctimas”. Funciona cuando las relaciones de la comuna son estrechas y felices. Por el contrario, si se está en la fase de aprendizaje hará evitar jaleos el repartir el dinero en sobres, uno para el alquiler, otro para la comida… y dejar el resto para los gastos comunes o individuales y ver qué tal funciona la historia. En cualquier caso es importante colectivizar progresivamente el dinero.

Uno de los problemas básicos de todas las comunas es el problema económico. ¿De dónde sacar las pelas para instalarse en el campo o para alquilar un piso grande en la ciudad? Muchos grupos, los que se plantean la experiencia como una auténtica alternativa, ahorran durante bastante tiempo hasta haber conseguido acu-

mular lo suficiente. En estos momentos conozco como mínimo veinte grupos que se encuentran en este estado. La mayoría, de Madrid. Y creo que, a la larga, este período es muy importante, pues no sólo sirve para ahorrar, sino que en él vas madurando la idea.

— rotación de trabajos y trabajos colectivos.

Soluciones muy buenas, pero más bien utópicas porque implican un altísimo nivel de conciencia, son aquéllas en las que ni el dinero ni los trabajos están sometidos a reglas precisas o a tumos, de manera que si alguien quiere tomar el sol durante una semana mientras los demás trabajan, puede hacerlo, o si alguien no lava nunca los platos es porque cocina más a menudo que los demás o porque realiza trabajos considerados “desagradables” en nuestra consciencia separada de los gestos y de su valor.

Pero a veces si no se deciden tumos elásticos y justos para todos se cae en el más negro de los desórdenes, o bien algunos compañeros hasta que la situación explote, cumplen el papel de “padres y madres” de los demás. Y los que no soportan la suciedad limpian para los “hipócritas” que encuentran motivos existenciales- antiburgueses del tipo: ‘la suciedad es liberatoria” o “a mí ya me va bien así”. Y ocultan su pereza y su antisocialismo. A estos tipos es conveniente echarles enseguida porque han pasado los tiempos contraculturales en los que jauja, la evasión y el psicodelismo justificaban en gran parte el movimiento comunal. La comuna, en cuanto alternativa social, tiene un fondo político trascendental y ya he dicho que los comuneros deben ser guerrilleros, deben ofrecer una alternativa práctica y viable al capital. A la vagancia y al reformismo intelectual hay que echarlos por la vía rápida y darles con la puerta en las narices.

La elección de establecer una rotación de tareas, o de hacer “tumos” (odiados porque recuerdan imposiciones familiares). Pero hay que tener en cuenta que una comuna no debe suponer una reacción a la barbarie burguesa sino un compromiso de alternativa “individual y social”. Una comuna es una elección autónoma y colectiva de dinámica para llegar a la armonía. Los tumos no tienen que ser stalinistas ni dragonianos, sino elásticos, según aptitudes-necesidades de cada uno y pueden variar a medida que los estados anímicos de los individuos cambian o se alteran. Comunidad es también amistad y en “amistad” estos problemas tienen siempre solución adecuada. A través de los tumos te das cuenta de la entrega que requiere el hacer una cierta cosa, del aprendizaje al ejecutarla y a aprender a hacerla, poniendo un poco de arte. Todo tiene su magia, su arte y el arte no es mercancía ni producto, arte es ante todo vida. Si al recoger las basuras o al limpiar los waters pones una cierta sensibilidad, conviertes el acto en arte. Es la única manera de superar “las funciones: roles”. Aprender a cocinar, a cuidar el huerto, a sembrar, a arreglar los muebles y los aparatos domésticos. No limitarse, no profesionalizarse en nada concreto. Aprender todos los oficios, tener conocimientos en todos los ramos para comprender la totalidad humana y desarrollarla en una cosmología de conjunto. Ni buro- cratización comunista ni profesionalidad capitalista. El hecho de que todos nos demos cuenta y tomemos consciencia de los gestos necesarios para nuestro cuerpo, nuestra vida y nuestra evolución estimula la creación, la invención de soluciones sencillas y prácticas, divertidas, no alienatorias y en cualquier caso útiles, además alumbra la solidaridad y el trabajo en común.

Por ejemplo, el problema de lavar los platos y recoger la mesa ilustra de manera óptima el problema del trabajo en común. Contra las pilas de platos que se acumulan basta un mínimo de conciencia colectiva: que cada uno se lave los suyos, tomando consciencia de cada gesto, sin partir de la hipótesis de que el plato se lava sólo porque una “mama” lo hace voluntariamente para resolver el problema del desorden. El uno puede lavar, el otro recoger el mantel, el de más allá barrer el suelo… descubriendo que el trabajar juntos produce ritmo-felicidad-realización. El ejemplo de los platos es claramente real y simbólico. Necesitamos un criterio comunitario a seguir para evitar que triunfen los desórdenes, los individualismos.

La discusión de los platos hará seguramente sonreir a cualquier burgués mirón o a cualquier compañero sta- linista: en realidad es una contradicción aparentemente ridicula pero que sintetiza la división de los roles hombre-mujer, lá esclavización de quién es más débil o más dispuesto. Lavar los platos da un poco de asco y está mal considerado en la escala de valores de la burguesía. La responsabilidad de este trabajo es impuesta por la burguesía a la clase explotada, a la mujer-esposa-madre explotada, con lo que una vez más se pone de manifiesto el machismo de la sociedad autoritaria. Una máquina (lavaplatos) es un buen invento de la sociedad capitalista, pero escurre el problema, además una máquina nunca provoca alicientes: ¿Quién mete los platos en el lavaplatos en la familia burguesa e incluso en las comunas elitistas? la mujer, claro. Es gracioso advertir que es precisamente en las comunas de homosexuales en donde existe más armonía para los trabajos de esta índole, es decir para los trabajos domésticos, y está prácticamente demostrado que muchos de los fracasos comunitarios vienen determinados por culpa del fracaso en estos terrenos. El machismo es una de las consideraciones que hay que tener en cuenta.

Muchas comunas, especialmente las grandes,.realizan reuniones periódicas para “verificarse” y autocon- trolarse, ya sea por lo que se refiere a la vida económica, o a tumos de «trabajo, ya sea por lo que se refiere a los conflictos internos. Otras comunas, o mejor convivencias, se fían de la amistad y de la espontaneidad y se niegan a hacer reuniones prefijadas. Aparte del hecho de esta solución más individual y utópica, puede funcionar en comunidades o convivencias de pocas personas,. hay que tener en cuenta que nadie nos ha enseñado jamás a hacer autocrítica y que todos tenemos miedo a nuestra agresividad o á exponer cosas que no van, de manera que las tensiones se van acumulando hasta que explotan de verdad en modo agresivo-negati- vo causando incomprensiones y traumas. Cuando se deciden las reuniones, ocurre que, cuando hay algún problema con alguien o con un grupo, se registran muy fácilmente fugas o ausencia. Pero los que están presentes y discuten el problema encuentran la manera, aunque sea bromeando, de afrontar en su momento a los que no han venido, por miedo inconsciente de castigos paternos y matemos que evidentemente en la comuna no deben existir.

Es verdad que las reuniones presentan el riesgo clásico del asambleísmo: es decir que hay quien “lideriza” porque tiene mayores capacidades de convicción o de discurso, quien se calla porque tiene otros modos de expresarse, o tiempos verbales más lentos. Pero también en este caso es suficiente que la comuna tenga tendencia al círculo, dejando espacio y tiempo a todos para hablar, haciendo girar la discusión en CIRCULO, en lugar de dejar que las intervenciones sean libres, convirtiéndose entonces demasiado a menudo en aburridos- competitivos-e-inútiles ping-pongs o shows entre algunas personas.

Los líderes, los que detentan poder, cualquiera que sea el campo en el cual éste se verifique, han de ser “desmontados”, puestos en crisis, convencidos —si son compañeros honestos— para que abandonen su poder estéril y tomen su propia parte de felicidad y se hagan dueños de sí mismos. Esto se les puede hacer entender adoptando una actitud no competitiva y no malévola en nuestras relaciones con ellos, sin buscar otro ángulo de toma de poder, recordando, como buenos marxis- tas, que son las circunstancias las que producen este tipo de actitudes, aburridos y negativas, pero que pueden ser fácilmente puestas a discusión si existe en todos, incluso en los que tienen tendencia a querer destacar, el deseo de no quitar espacio a los demás. El problema de los líderes por otra parte se resuelve a partir del momento en que TODOS toman realmente parte y responsabilidad, del proceso que se ha abierto, de la trascendencia a escala individual y social que supone tal proceso. Aunque por falta de organización externa parezca que una comuna esté aislada, esto no es cierto, la comuna es una alternativa importantísima y trascendental para el cambio social. Hay que desindividualizar los procesos de las comunas en este sentido e introducirlos en la esfera revolucionaria de la ANARQUIA INTEGRAL O DEL COMUNISMO LIBERTARIO.

contra los jefes y jefecillos.

Los más peligrosos son los que con su poder personal o económico mantienen agrupadas falsas comunas en las cuales los demás miembros se encuentran en posición subordinada o de dependencia, que aceptan inconscientemente o conscientemente por falta de valor y de autonomía personal. Hay que tener siempre presente que en una sociedad capitalista el mayor centro de poder es siempre el económico. Por lo tanto es im-

portante que cuando se produzca una situación en la que uno de los miembros de una comuna haya comprado las tierras o sea propietario de la casa, esta situación se equilibre lo antes posible a través de la dinámica colectiva, colectivizando la tierra y el dinero.

Un poco menos peligroso, aunque sí asfixiantes, son los jefecitos culturales superteóricos comunitarios, que se aprovechan de su dialéctica para crearse posiciones de privilegio en las cuales no mueven un dedo para las cosas prácticas y se apropian de cara al exterior, de todo lo positivo que ocurre en la comuna como si fuera mérito de ellos solamente. En el caso de los que presentan un comportamiento pesado o marginan a los compañeros menos cultos, se impone la denuncia pública y la expulsión.

— contrainvasores y comuneros de domingo.

Cuando una comuna empieza a funcionar es inevitable que tenga que defenderse contra un montón de invasores, provocadores, huéspedes paranoicos y comuneros de fin de semana, menores furtivos y sus padres o tías que los persiguen, y tipos de toda clase, extraños y desesperados, que buscan la comuna como mero escapismo y son como los perros que han olfateado una buena presa. Han pasado los tiempos de las comunas abiertas a todos y a todo con el convencimiento de que se puede llegar a gestionar cualquier situación. Las comunas contraculturales han fracasado en gran parte por culpa de este tipo de problemas. La comuna armada ha de saber ante todo cómo defender su territorio. Incluso en el caso de grandes comunas o convivencias, tipo casas ocupadas o centros juveniles, se ha comprobado gracias a la experiencia, que tiene que haber una cierta vigilancia por parte de todos, sobre quién entra y quién sale y la admisión a convivir debe ser subordinada a laaceptación y al respeto de las reglas comunitarias. Hay que evitar a toda costa la dispersión de la experiencia y muy especialmente en los primeros momentos. Hay que evitar también las infiltraciones de guerrilleros de la extrema derecha y de policías camuflados.

— los consumidores de la felicidad.

Hay algo inherente a la búsqueda de relaciones humanas: se espera que den felicidad. Pero se espera una felicidad ya confeccionada, tipo tortel de nata, que podamos consumir sin aportar nada. La comuna no es una palabra mágica, vas allí y ya está. No. Por esto cuando una comuna funciona y ha superado los primeros tragos, de inmediato atrae una avalancha de gente que por más que ve la experiencia, es incapaz luego de crear otras comunas y ni siquiera cuando está de paso logra aportar nada o en todo caso lo que aporta es pasivo y negativo. Son demasiados los compañeros que viven con su “mama” y van a fumarse un porro con sus amigos comuneros. Hay demasiados freaks chalados que se dedican a buscar la felicidad fumando y viviendo a costa de los demás, que invaden espacios comuneros durante una temporada y que después se largan sin haberse preocupado, ni tomado conciencia de las exigencias y de la realidad de quien lo ha hospedado sin comprometerse siquiera en actividades y responsabilidades comunitarias, no han fundado jamás situaciones alternativas, y después de años y de meses han buscado salidas desesperadas (heroína, robos, misticismos negros, paranoias de diferentes índoles). La comuna no es una casa de caridad que alberga a cualquier perdido porque se autoproclame contestatario, freak, anarco o pa- són. La comuna exige una coherencia práctica que es mucho más difícil que la teórica, supone unas exigencias concretas y una responsabilidad social. En resumen: no tengáis miedo de decir NO a alguien, no tengáis miedo de responder a la violencia con la justa violencia. Tenemos el deber de defender nuestra felicidad, nuestro desarrollo y nuestra alternativa. “Las ideologías son libertades mientras se crean, opresión cuando están Creadas”. Si las contraculturales fueron engendros maravillosos en los que todo era posible y todos encontraban un sitio para hacer su rollo, en las comunas armadas no puede ser así porque con estos presupuestos no funciona, hemos aprendido y nuestra ideología sigue evolucionando. Para llegar a la espontaneidad primero hay que haber barrido de la mente la mierda burguesa y capitalista, por tanto la experiencia requiere una concordancia con los presupuestos y los fines. Y estos exigen una toma de postura radical y constante, caer en un falso espontaneísmo o en un misticismo cristiano de que todos somos buenos y todos juntos lo haremos todo y que debemos estar abiertos a cualquier persona por el mero hecho de ser un humano, es una falacia que no funciona, todo lo más es una argumentación que cuando se practica acaba destruyendo los logros de las comunidades más radicales y la convierte en una desmadrada casa de. curas, en una horrenda casa de neurastenias sin dinámica y sin coherencia, y lo que es peor, sin alternativa. Y cae, cae porque los miembros poco a poco se agobian y no pueden aguantar el proceso de autodestrucción. Y te quemas y te retuerces nuevamente pero esta vez con un sabor mucho más amargo porque aquello en lo que habías puesto fuerzas e ilusiones y que habías presupuestado que iba a favor tuyo, ha fracasado. La comuna se dispersa y se disuelve. Y al rrollo porro y tiro porque me toca.

— crear circuitos de trabajo alternativo.

Muchas comunas optan por la total autosuficiencia e intentan organizar trabajos alternativos. La discusión, es más, el deseo de poder hacer un trabajo en la comuna, ha resultado ser una utopía, al menos en la ciudad. En el campo es más fácil realizar actividades comunes, agrícolas y artesanales. De todos modos, tanto en el campo como en la ciudad, el trabajo alternativo funcionará sólo si hay organización, creación de circuitos campo-ciudad. Es evidente que una alternativa real consiste en crear cooperativas de trabajo en las cuales podamos reapropiamos de espacios de no-alienación dándonos ritmo, tiempos, modos de trabajo nuevos y creativos, aparte de conseguir el dinero para vivir.

Con relación a todo esto se puede decir por ejemplo que la actividad artesanal ha resultado ser un inmenso fraude que tan sólo sirve para incrementar “un con- sumismo alternativo falso”, tan sólo ha hecho incrementar el consumo y basta. Las tiendas de cosas usadas que han invadido los barrios viejos de las ciudades, aunque en la mayoría de los casos estén llevadas por compañeros, son una triste y pobre copia de las boutiques de los barrios ricos. Los freaks y los alternativos no han sabido organizarse de manera eficiente y han sido utilizados por los empresarios progres que han sabido crear nuevas cadenas comerciales, tan capitalistas como las otras, y tan sólo los han utilizado como mano de obra barata. No existen espacios o tiendas donde no triunfe exclusivamente la relación de venta, la exigencia de hacer mucho dinero. En las Ramblas barcelonesas donde últimamente aparecieron gran cantidad de vendedores ambulantes, la mayoría freaks, el espacio urbano se ha convertido en un mercado de mercancías que en la mayoría de los casos no llegan a ser ni siquiera artesanía. Algunos le apodan el “nuevo corte inglés de la democracia”.

A pesar de todo, se discute bastante sobre la posibi- bdad de organizar en los barrios obreros cooperativas de consumo que estuviesen coordinadas con las comunas rurales. Sin duda con ello se daría un gran paso. Los productos del campo llegarían sin contaminar a la ciudad, serían naturales. También estas cooperativas podrían vender vestidos, artesanía, objetos de decoración, muebles, lámparas… En el movimiento de reapropiación de la vida puede existir condicionado ya que la autosuficiencia total con relación al capital se obtendrá únicamente luchando colectivamente contra la explotación y aboliendo el capital.